LLUVIA (36)

Música de polen frío sobre la ciudad extinta
en sus dominios.

Fulgen esquinas.
Frescura.

Cortinas de ríos verticales.

Máquinas que lloran por una tonelada de cobre.

Caos portátil.

¿Estaremos realmente vivos
entre estos telones
o sólo
vivimos dentro del último
canto de un ave?

Poesía dúctil:

“no logro leer tu sonrisa”

Alas que se desdibujan
en la velocidad de la muerte.

Agua que liviana
te golpea la cara.

Ahí está la lluvia.

Pregúntale si esto es la vida
o sólo es el canto del cisne

que se aleja.

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Enrique López T.

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CORAZÓN (1)

¿Qué tiene de bello entregar el corazón? ¿Qué poesía hay en entregar un músculo gastado, un trozo de carne particularmente horrible, convulsionándose o aún peor, frío… palidecido por la gravedad y el tiempo? Yo prefiero tu cuerpo (incendio o tibieza de un sol en enero) o ese pequeño conjunto de luz danzarina que es tu séptima alma de izquierda a izquierda, sin falla. Pero los poetas no saben de anatomía o de física cuántica, en realidad… los poetas no saben de nada.

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Enrique López T.

DIGREDI: SALVAJISMO

Sucede de todo, y cada evento es una repetición única de un conjunto de sucesos base, pequeñas variaciones de una serie finita que producen opciones infinitas. ¿Cuántas veces te has equivocado de la misma forma con una pequeña alteración, y con actores distintos? Casi siempre es lo mismo, lo sabes. Sucede de todo y cada evento es una repetición única de un conjunto persistente. El patrón prosigue… como la médula de una canción de sobra conocida pero que, un jazzista podría reinterpretar hasta el cansancio y durante innumerables álbumes que alabaría y condenaría la crítica especializada, produciendo un vaivén existencial. La música es fuerte como un golpe en la quijada propinado por un gigante que se mueve como una mariposa. Por supuesto, no se puede dejar de pensar en Bobby DeNiro flotando sobre el cuadrilátero en Toro Salvaje. Pero ahondando en el punto por este nuevo derrotero… Jake La Motta es la prueba de que uno se equivoca siempre sobre una partitura conocida, de la misma forma sólo que distinto… sobre todo con los amores y con la familia. La Motta se obsesionó con una adolescente de 15 años, Vicky, a pesar de estar casado. Ella figuraba como el punto de balance en la vida de Jake, pero él lleno de inseguridades y demonios, solo la celaba y la golpeaba una y otra vez, aunque en cada ocasión juraba no hacerlo más… la repetición es dolorosa. El hecho es inadmisible. Tampoco hay que olvidar que vendió la pelea contra Billy Fox y nunca se lo dijo a su padre que le había apostado todo, “Más bajo que la mierda de ballena” dijo Sinatra de él. Jake LaMotta pudo ser un contendiente, ganó pero nunca fue un campeón, peleaba pero no era un boxeador, luchaba como si no valiera la pena vivir, era un kamikaze, dispuesto a recibir tantos golpes como fuera necesario, con tal de cansar a su oponente y demolerlo con un gancho de izquierda. Por eso es una figura que le encanta al Cine, perverso como es ese arte. La constancia es impresionante, y algunos deciden vivir así, arriesgando todo incluso en el error. Es curioso que Martin Scorsese dijo acerca de su película: “Puse todo en ‘Toro salvaje’, todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un film kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar otra manera de vivir.”

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Enrique López T.

SPOILERS…

— Entonces, ¿sabe o no sabe cómo era el auto…?

— Era un coche viejo. No sé mucho de autos, o casi nada, como podrá darse cuenta. Pero sé que era un auto gringo, uno de esos viejos lanchones, cuadrado, con una cajuela larga, tanto o más que la proa si se le puede llamar así al frente de los coches. Eso sí, recuerdo que era negro y tenía unos spoilers…

— ¿Eso es todo?

— No. Aunque empezaba a hacer óxido en las salpicaduras, bueno… al menos en las del lado izquierdo que fue el lado que vi, en general se veía bien cuidado…

— ¿Y eso cómo lo sabe?

— Pues por lo limpio, no tenía ni rastro de la lluvia de ayer en la tarde, no estaba opaco o chorreado como el suyo.

— Mmmmh…

— Ahora que lo pienso bien, era casi igual que el coche que tiene Clint Eastwood en esa película donde toma a su cargo a un chino y le enseña a trabajar, a ir a la peluquería, a ligar… Ya sabe, esa donde al final…

SPOILERS

Enrique López T.

VANITAS: FRÁGIL

El corazón es un sitio que no se marcha, y que tampoco paga las cuentas… Otra lluvia. El corazón no emigra con los dioses, se pega como una sabandija negra a las canciones más tristes de medianoche, justo cuando el locutor creyó que no lo oímos llorar y manda a comerciales. Una guerra. El asedio entre dos tragos de cerveza. Un plano general. Dos adjetivos sobrepuestos. El corazón es una sesión de country en Nashville.  Un terreno baldío. Mirlos blancos que se posan sobre un sueño, genuinamente falso… porque soñar es perderse en el eco irreparable, como un canto verde. Y es probable que no tarde en quebrarse. Pero vayamos a unos cortes comerciales…

FRAGIL

 

Enrique López T.

DIOSES Y HOMBRES

Roguemos al corazón para que tengacaprichosos buenos días y malos pensamientos, sólo así se puede atravesar la vida sin temer a la grandeza y sin renunciar al dolor, y a los placeres. Roguemos al corazón para que nos haga entender que sólo los dioses, caprichosos como son, pero sólo ellos, saben lo que se avecina; y que, nosotros no somos dioses, ni somos los elegidos, pero que tampoco somos los eternos infortunados. Nuestra derrota final es segura, pero conoceremos días de felicidad eterna, y viviremos lo que ni los propios dioses… recuerdan.

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Enrique López T.

SOBRE LA RAZÓN POR LA QUE YA NO SALGO A CAMINAR POR LAS NOCHES…

Tenías pleamares en los ojos cuando me mirabas… y el mundo volvía a ser un Edén. Ahora leo menos filosofía que nunca, ya no soporto las grandes verdades que te acorralan contra las cuerdas desde todas las esquinas del universo; ya no tolero comprender aquello que huye al voltear; ya tengo suficiente tristeza como para saludar al no–ser en su paseo nocturno, y cada vez me gusta menos regresar a casa por la noche después de escribir sobre el agua, malgastando mis cinco centavos de elocuencia. Y sin embargo, aún tengo mis corazonadas y creo hasta el delirio en la falibilidad del hombre, como si aquí, aquí mismo y en ningún otro sitio, residiera todo su poder y empaque. Es infinita su resistencia… Quizá también guardo la codicia por lo absoluto, aunque no sepa lo que es, aunque nunca llegue a saberlo… mantengo la sensación y el sentimiento religioso, aturdiéndome sin cuerpo, rebosándome como un verso, como un ritmo que crece y crece. A Dios sólo lo encontré en tus ojos. Y me pregunto dónde estará la gracia divina. La poesía de lo indeterminado sigue trabajando como una caldera insomne, sigue corriendo como un hermoso caballo con el sol de fondo, por todas las praderas y por todos mis actos, y eso que en la poesía no puede haber finales felices, sólo finales… Probablemente. Toda la luz de la primavera brillaba en tu sonrisa. ¿Te acordarás alguna vez de mí? ¿Serás feliz? Y sobre todo… ¿qué habrá sido de la vida?

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Enrique López T.