VIDENS: “ELVIS PRESLEY: THE SEARCHER”, ETERNA VIDA AL REY

«Estados Unidos tuvo 44 presidentes
pero solo un Rey».
—George Klein.

Hay canciones de Elvis que duelen de tan hermosas… así es su vida, tan hermosa como desolada, tan enorme como cautiva, tan libre como devastadora… y en esto radica la mejor cualidad del documental ELVIS PRESLEY: THE SEARCHER de Thom Zimny… en transmitir precisamente estas contradicciones, en mostrarnos (como si estuviéramos ahí mismo) las razones por las cuales esas canciones suenan tan genuinas, tan reales, tan verdaderas, infalsificables, las razones por las cuales se han arraigado en el alma de millones de personas de todas las latitudes y de todas las épocas para expresar la alegría, el amor, la pasión, el sufrimiento, la nostalgia, la fe… la esperanza.

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Otro de los aciertos del documental es que no hace de Elvis el cliché de los primeros ni de los últimos años… por supuesto es el genio que cambió la música para siempre, pero no de manera fortuita… por supuesto es el artista con sobrepeso que consumía drogas, pero para todo hay una explicación por demás humana, se nos muestra de forma breve y clara, elegantemente sin caer en el ataque ni en la condescendencia… estamos en otro ánimo: vamos más profundo a explorar un poco del alma de este virtuoso que, al parecer, era más auténtico en el escenario que en la vida diaria, la cual como todos, transitaba con trabajo…

De este modo, es casi imposible separar al ser humano de la leyenda pero este documental parece lograrlo, es difícil de describir pero… durante los 205 minutos nos encontramos con el ser humano que siempre hemos sabido que existía, el devoto de sus padres y sobre todo de su madre, el enamorado de la música y el de su esposa, el alma solitaria… el que gozó de los grandes aciertos y sufrió los enormes descalabros profesionales y personales… y por el otro lado está el músico en todo el espectro, está el Elvis el virtuoso, el ídolo que llenaba estadio tras estadio, el Elvis que podía ser confundido (sin error) con una fuerza de la naturaleza.

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Destaco una vez más la claridad del documental… aprovecha el material inédito y el que hemos visto miles de veces para hilar una narración fina y pulcra, sin artificios, ni incongruencias: una narración de fluye desde los inicios de la carrera y hasta el final, atravesando los sinuosos episodios de muertes y fracasos, pero por supuesto está la alegría connatural de ‘El Rey’. La historia de manera magistral deja hablar a Elvis desde la introspección, salida en alguna conferencia de prensa, alguna entrevista pero sobre todo desde la música porque habla mejor al ritmo del rock and roll, del rhythm and blues, del bluegrass, del country, del góspel…

Deja hablar a Priscilla Presley que revela más hondamente la otra cara de la moneda de un ser humano lleno de inseguridades y amor; deja hablar a un amigo de la infancia, a los compañeros de grabación y de las giras… y todos dan testimonio de su maestría, no sólo movía las caderas como nadie sino que realmente era un músico de casta… Deja hablar al Coronel Parker el gran villano de la película, interesado en convertir a Elvis en mercancía, impidiendo convertirse en el tremendo artista que fue siempre. Deja hablar a grandes cantantes que fueron tocados por el Hijo Predilecto de Tupelo, Misisipi: Tom Petty y Bruce Springsteen, Bruce siempre con la inteligencia de entender no sólo al hombre, a la figura y al ídolo sino también evaluando el espíritu de las épocas que le tocaron transitar…

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La primera mitad del documental se centra en los años dorados del inicio por ahí de la década de los 1950, “mostrándonos” cómo el joven Elvis absorbió toda la música que su medio le entregaba: country, blues, góspel… Quizá no inventó el rock and roll como dice Petty crudamente pero lo que hizo fue más importante fusionó estas influencias para hacer algo personal y al mismo tiempo universal… hizo suyas canciones como ‘That’s All Right’, ‘Blue Moon of Kentucky’ o ‘Hound Dog’ uniendo dos partículas, en esa época separadas diametralmente: el blues negro y bluegrass blanco, quizá por ello prefería el góspel… porque tanto negros como blancos se identifican con esa música, y la llevan en sus espíritus tan ávidos de consuelo y ánimo.

Gracias a esto los momentos musicales repercuten de forma especial y sensitiva en todo el documental, con ímpetu o nostalgia después de alguna revelación importante en voz de Elvis o de alguien más… las fotografías y las películas caseras dotan de realismo al documental, no en el sentido del testimonio, sino como si nosotros fuéramos parte de esas imágenes fugaces, de esos recuerdos… La segunda parte del documental es más cruda, narra los innumerables regresos y las consecuentes caídas y desapariciones que experimentó Elvis, pero también su paso por el cine, su reclutamiento en el ejército y la estancia en Alemania, la pérdida de su madre, la separación de su esposa… la vida de ‘El Rey’ está ahí completa… pero no de forma sensacionalista, la música ocupa el centro del escenario…

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Sus apariciones en la televisión norteamericana fueron parteaguas en la carrera de Elvis y en la historia de la música: desde sus inicios con su presentación en el Show de Ed Sullivan hasta la notas más altas en los especiales como el de 1968 ‘Elvis: ’68 Comeback Special’, el de las Vegas, el ‘Aloha from Hawaii’ (el primer concierto realmente mundial), todos tienen un sabor de triunfo… el triunfo para el hombre que quería tocar en su guitarra una canción para su mamá pero también un triunfo para la música, porque en medio de tantas privaciones por parte de los intereses comerciales… el arte sobrevivía de la mejor forma puesto que ‘El Rey’ podía conseguir momentos sublimes como el de ‘Suspicious Minds’ o ‘If I Can Dream’ que en el documental delinea el camino de la despedida, pero también el de la conciencia social más perfecta de ese muchacho que se crió en el Sur profundo… salvando una brecha cultural y racial, unificando a la gente como unificó a la música norteamericana.

ELVIS PRESLEY: THE SEARCHER nos muestra momentos cálidos de felicidad y álgidos de tristeza, ensayos, tomas, entrevistas, escenas… el fervor y la pasión de un hombre que creo una leyenda y una leyenda que fue destruyendo al hombre… pero que incluso en los momentos finales de más obscuridad y soledad encontró en la música una expresión de sus hondos desiertos y de su poderío como auténtica fuerza de la naturaleza o mejor dicho como una auténtica fuerza espiritual que fue de los religioso a lo pagano y que como el mejor góspel ilumina con su voz y su sentimiento las horas de alegría o de profunda desolación, aún hoy… eterna vida a ‘El Rey’.

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Enrique López T.

EQO: {HAY UN SITIO}

Hay un sitio que amo y al que no voy, nunca. Para entrar hace falta un poco más de corazón del que siempre he tenido. Pero habrá un día en que el corazón se fragmente y tenga alguna respuesta indiscutible, una llave y un pasaje de avión listo; habrá otro día en que vuelva a ver tu sonrisa y vuelva a sentir tus labios, y en que los vivos y los muertos intercambien sueños como estampitas de un álbum inconcluso. Habrá un día, ya ha empezado la cuenta regresiva… y cuando llegue, aquel sitio también se pondrá en marcha para encontrarme tendido entre una nube y un acorde de guitarra electrizada, quizá vivo, seguramente en mangas de camisa. Y lo juro. Tengo la esperanza, la tengo y la alimento con mi vida, a diario por la mañana, cuando el buitre frena su descenso, troncha su curva ingrata. En el mismo sentido, he pagado mis impuestos, he dibujado el futuro en una servilleta, también hemos terminado el nuevo Cielo y llegado a otra Galaxia, pero no hemos podido curar la tristeza, y pienso que sólo por esto mi corazón debe vivir, cantar, moverse, trepar, beber, dormir y aullar en otro sitio, en uno no tan amado, pero igual de bueno para pasar ahí la primavera, el verano… y comer fresas con azúcar mientras todo se va quedando obscuro y en silencio, y se comprende algo… ya muy tarde, demasiado tarde. Hay un sitio que amo y al que no voy, nunca… ahí se refugia el sol de la lluvia, y canta un mirlo blanco una sonata para la luna.

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Enrique López T.

FOTOGRAMA: “THE KID”, NIÑOS QUE SE VUELVEN HOMBRES

Los niños no caminan al unísono hacia la madurez.
Van hacia la edad adulta a un ritmo desigual,
totalmente individual.
—Robin Marantz Henig

La película del director y actor Vincent D’Onofrio tiene que ver algo, no todo, con Billy ‘The Kid’, vaquero y forajido, leyenda gringa del viejo oeste que ha sido utilizado como motivo de poemas y canciones, de historias que alimentan nuestra necesidad de aventura, incluso hoy en día a través de la pantalla. Pero el famoso pistolero no es el personaje central de este moderno western aunque sí participa de algunas de las acciones más importantes. ‘The Kid’ sirve más bien como modelo y representación de una realidad para los niños en aquella época en esas tierras salvajes, una realidad que también colocaba a los niños en el límite de la civilización y la barbarie, con lo terrible que esto supone para la indefensión propia de esa edad. De esta suerte, el célebre pistolero es una circunstancia y quizá un destino que se busca imponer o evitar desde la violencia y las correrías. En realidad, la figura central es Rio un niño que en el afán de defender a su familia comete un crimen… entonces él y su hermana huyen, y en su camino se ven en medio de un choque entre dos fuerzas equivalentes, contradictorias y que comparten un solo origen. No se puede entender a Billy ‘The Kid’ sin Pat Garret tal como la película de Peckinpah mostraba desde distintos puntos de vista y escalas, dentro y fuera de la ley, su concordancia es un constante duelo al sol. En THE KID, Pat Garret figura y sirve como un modelo de un cierto cambio de destino, y por ende, de una cierta conciencia sobre lo bueno, lo malo, sobre lo justo, lo injusto y sobre la ley, todo en el entorno violento y polvoriento del Viejo Oeste. Dane DeHaan como Billy ‘The Kid’ y Ethan Hawke como Pat Garrett están muy bien, en el punto justo de esta relación ambivalente de admiración y odio, DeHaan le pone el sabor de rockstar al forajido, ese encanto irracional… por su parte Ethan Hawke irradia una madurez actoral que le permite terminar la película de manera más que digna, justo como un western debe hacerlo. Aunque este western tarda en arrancar logra un cierto ritmo, las escenas de acción tienen una cierta crudeza que le da peso a la película en general está bien estructurada y admirablemente interpretada y sobre todo enmarca la relación Billy ‘The Kid’ –Pat Garret en esa visión de la madurez que llega demasiado pronto a través de la puerta de la violencia aquella que se recibe y aquella que se ejerce… la inocencia no sobrevive, pero incluso la inocencia de los más viejos que ven con cierto arrepentimiento el camino recorrido, incluso si estás muerto… No puedo dejar de oír en mi cabeza “Knockin’ on heavens door”.

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Enrique López T.

FOTOGRAMA: JOHN WICK 3 – PARABELLUM, LOS ACTOS Y LAS CONSECUENCIAS

A nadie le faltan fuerzas;
lo que a muchos les falta
es voluntad.
Victor Hugo.

John Wick se ha convertido en un referente del cine de acción, esencialmente porque la ha llevado a un límite que desafía las leyes naturales y porque ha re–escrito varias veces los cánones por lo que se “muere”… y se mata a los rivales, tan poderosos, tan terrible y tan letales… pero que siempre acaban en el piso, derrotados, ante el paso de ese torbellino de furia llamado John Wick. No exagero al decir que la franquicia ha renovado el género de acción, un género que está en constante renovación puesto que mantiene la preferencia del gran público, que se reúnen en la sala a disfrutar de la violencia que por momentos toca los cielos del arte: las coreografías son perfectas, aún más en esta tercera entrega en la que John tiene una pareja, para acabar con los contrarios, y esa pareja tiene a su ve un par de perros que se roban el cuadro por su coordinación y fiereza, son un reflejo de los asesinos.

Y es que… por más descabellado que parezca cada pelea, cada lance, cada tiroteo y cada victoria de este asesino enfundado en un elegante traje italiano… nos convence de que eso es perfectamente real, que los cuerpos pueden moverse así, soportar disparos directos y otros tantos castigos, ser así de letales o incluso que se desploman tras una poética nube de sangre que anuncia la muerte del rival. La acción llega a ser una forma artística basada en la dinámica y la resistencia… un movimiento perpetuo. Si bien su venganza fue completada en las entregas anteriores y ha pagado su deuda, John Wick ha roto las reglas de este mundo tan salvaje como sofisticado, tan brutal como estilizado basado en el respeto y la servidumbre hacia eses códigos de honor irrompibles… por lo que las repercusiones no se dejan esperar.

 

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Desde el principio, la cinta se trata sobre el tiempo… prefigura una bomba de tiempo que explotará en nuestra mano: un hombre herido acompañado de su perro bajo una tormenta ciega huyen hacia donde no existe refugio… y de nuevo John lo hace, primero pone a salvo a su perro que es motivo y circunstancia… y después se lanza a conseguir una nueva vida a través de una vuelta al origen. Es de destacarse que durante la primera parte de la cinta hay pocos disparos: la lucha es cuerpo a cuerpo y mediante cuchillos y otros objetos afilados que van de un extremo de la pantalla al otro cortando y segando vidas. La sofisticación de este mundo también toca lo sagrado y tenemos elementos de excomunión, desacralización… este camino lleva a nuestro antihéroe de regreso a la casa materna (bielorusa) para pedir un salvoconducto, entonces podemos observar las raíces en la lucha de Wick y un spinoff femenino que se ve bastante bien, la expansión de ese universo es seguro…

Y entonces la película respira en otros espacios además de las esquina de Nueva York, si bien habíamos visitado Roma el medio también era citadino a través de túneles y catacumbas pero ahora los azules y naranjas del desierto llenan la pantalla dándole a John Wick una dimensión más pequeña que si bien supone otra vida estará llena de servidumbre… y esa forma de esclavitud tiene un motivo: John Wick quiere conservar la vida para seguir recordando a su amada esposa, su vida juntos… una forma de mantenerla viva y una condena más que bíblica que el personaje la abraza con devoción, sin importar que el precio a pagar sea la traición de un amigo. El espíritu de la película se basa en la servidumbre, todos se comportan como samuráis obediente de La Orden, “High Table” pero Wick en el fondo es un ronin y queda demostrado en las peleas finales en las que la belleza visual enmarca las peleas y acción desenfrenada de forma casi etérea. Por su parte Keanu Reeves va más a fondo en el alma del personaje escrito por Derek Kolstad, soportando los castigos y siendo un demonio de voluntad, yendo de frente a su destino.

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JOHN WICK 3 – PARABELLUM se trata de los actos y las consecuencias de los hombres, pero más allá es una película sumamente emocionante, con toda la diversión que se puede experimentar en un poco más de dos horas de acción trepidante, en coreografías perfectas de hombres y perros, armas letales y personajes bien construidos e interesante que encajan perfectamente en este universo aristocrático y salvaje de los asesinos a sueldo que poseen un aparato burocrático tan perfecto que nadie en el mundo puede escapar a su autoridad. En resumen, una película palomera disfrutable hasta el delirio, que te deja esa inercia por la violencia y que tiene su substancia pero que no pierde fuerza en filosofar… es la demostración perfecta de que las voluntades débiles se traducen en discursos, y las voluntades fuertes en actos… y John Wick por Dios que sabe actuar.

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Enrique López T.

TAL VEZ AMANECIÓ DEMASIADO PRONTO

Eres luz de otro lugar.
Lejana tu palidez de mirlo.

Claridad de la fiebre.

[Quizá alguna vez…]

Todo lo que está a tu sombra,
desaparece.

Incluso el tiempo,
pero yo sé bien por donde se pierde,

[Naranja de veinticuatro puntos]

yo conozco esa curva y esos árboles,
aquellas calles recién barridas,

estos arrozales de la Ciudad de México

aquestas planicies de Dios Padre.

[Quizá alguna vez…]

La fuga de las esquinas.
El mullido andar de los trenes.
El orden de las hojas.
La historia de dos reinos.

Esta luz es la luz de otro lugar.
Este es el canto del mirlo blanco.

Esta es la alucinación
en la que a mi lado sonríes.

[Quizá
de nuevo…]

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Enrique López T.

CAPRICHO (1)

…en cuyo caso, por ejemplo, amo dos veces de modo indistinto su forma de no estar más que en lo hondo y en lo sincero, latiendo;

en cuyo caso, por ejemplo, deseo exponencialmente el color de los silencios que muerden sus labios y la textura de la última palabra en su rezo vespertino;

en cuyo caso, por ejemplo, venero conjuntamente el vaivén de sus caderas que trazan una cúpula en el cielo fantástico, desprovisto de querubines y misterios;

en cuyo caso, por ejemplo, lucho a brazo partido con ese pequeño ángel terrible que vive en su mirada de sábado por la noche, y me dice simplemente “te quiero”…

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Enrique López T.

 

YOU SAW ME STANDING ALONE…

Para Gretel,
en la ausencia,
a la distancia…

Tres de la mañana. Me levanto y pongo en el viejo tocadiscos un acetato: CAPITOL RECORDS. STEREO. SINATRA’S SWINGIN’ SESSION! Tomo la aguja y la coloco directo en la vena. Necesito un golpe seco. Definitivo. Segundo surco. Ya vamos rumbo al corazón y se siente bien, realmente bien. Unos acordes suaves para romper la opresión del desaliento y una voz brillante para el perdón, ¡no! para la reiteración de los pecados…

«Blue Moon…» se desliza bajo la obscuridad hambrienta y sobre la luz mortecina que se cuela por la ventana de un día cualquiera, de un día sin importancia. Me quedo ahí de una sola pieza, absorto, unido a su nombre, a sus ojos, a su sonrisa, bajo el torrente de magia, anclado a un sentimiento que no se detiene, y que crece y crece, sin dimensión, sin peso, sin corazón, ni misericordia…

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«Blue Moon… You saw me standing alone/ Without a dream in my heart/ Without a love of my own…» ¡Maldita sea! La canción es tan bella que duele, igual que ella, igual que aquellas cosas que logran llegar al alma y quedarse aunque sea por un brevísimo instante… Tan bella que duele… la canción es tan condenadamente sublime que hace respirar a la noche, que como un animal herido hasta hace un momento, se ahogaba en su propia sangre, desahuciada de desesperanza y rabia…

«Blue Moon… You knew just what I was there for/ You heard me saying a prayer for/ Someone I really could care for…» Solamente así el dolor… diluido en música y en la dosis precisa que te deje vivir con la cantidad exacta de muerte que te toca y que puedes soportar en noches como ésta. Sólo así es posible tocarse el corazón sin que se encrespe como un perro herido, lleno de miedo, decepción o rabia. Mi corazón me dice “No te preocupes, «Ojos azules» suavizará la caída”. Y sólo así es posible sobrevivir a la noche, al veneno del insomnio, al disparo de la tristeza…

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«And then there suddenly/ Appeared before me/ The only one my arms will hold/ I heard somebody whisper please adore me/ And when I looked to the/ Moon it turned to gold…» Quizá ésta canción no esté dentro del gran canon de Sinatra, pero ésta particularmente me llega al alma; Frank como siempre la habita con su propia soledad, con su propia alegría, la atempera y te la entrega para que hagas lo mismo… aunque ésta noche Ol’BlueEyes trabajará solo, hoy no tengo arrestos para acompañarlo sobre éste escenario derruido y mal iluminado de mi alma…

«Blue moon… Now I’m no longer alone/ Without a dream in my heart/ Without a love of my own…» Si lo piensas bien, es increíble que Frank nos siga cantando a los solitarios de la noche, a los pequeños vencedores, a los enormes vencidos de la vida. Es increíble, que en madrugadas como ésta, tienes la certeza de que lo escuchas como la primera vez… con una soledad absoluta, con la belleza del dolor invadiendo todo cuanto perdiste y todo cuanto te queda, que es un sentimiento y eso… eso no es nada.

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«And then there suddenly/ Appeared before me/ The only one my arms will hold/ I heard somebody whisper please adore me/ And when I looked to the/ Moon it turned to gold…» Sinatra le seguirá cantando a la soledad presente y a la soledad futura, que sonríe como una mujer clara; pero sobre todo, le cantará a la sobrevivencia… Blue Moon ha cumplido su encargo… el violonchelo punteado anuncia el final… la música cesa, pero algo queda, acá adentro o en algún sitio del que no tengo evidencia… luego la marea del silencio reconquista sus sitios perdidos, su obscuridad, pero algo queda… siempre que oyes a Sinatra entiendes, a cabalidad, que: donde hay belleza, ahí está el dolor, pero también que “lo mejor está por llegar”… aunque no llegara nunca.

Gracias Frank…

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Enrique López T.